Empezando la Semana Laboral

“Son casi las 6 como cada mañana y la cabeza me da vueltas de campana”. (Seis de la Mañana/Joaquín Sabina).

Suena la alarma, te levantas maldiciendo el despertador, te das un baño de agua tibia (ni pensarlo con agua fría para despertar, con estas temperaturas hasta escalofríos da imaginarlo), te vistes, desayunas algo y sales a luchar a la jungla, a pelear en esta vieja ciudad de hierro por un lugar en el transporte público.

Llegas al trabajo corriendo después de ser maltratado, mallugado y pisoteado (aplica si vienes en metrobús, microbús, metro, etc.), enciendes tu equipo de cómputo y te das cuenta que los clientes no tuvieron qué hacer en el fin de semana, por lo que te escribieron solicitándote algunos reportes de resultados (los domingos hay que descansar, alguien debería decírselos jajajaja).

Cruzas mirada con los colaboradores y te das cuenta que tu día se está dirigiendo al lugar donde menos te gustaría estar en ese momento. ¿Por qué es tan difícil empezar el primer día laboral de la semana? Conectarte después de olvidarte de todo por dos días no es fácil, y menos si lo empiezas de mala manera.

La mayoría de las personas que descansa los domingos, se la pasa pidiendo a todos los dioses y santos que no llegue el lunes, porque saben que van a regresar a la rutina laboral; tenemos el mal hábito de no vivir el momento y preocuparnos por un futuro que no sabemos si vamos a experimentar, lo cual es un error, ya tendrás tiempo de vivir ese futuro inexistente en este momento, no hay porque mortificarse por algo que todavía no tiene lugar.

Y por otro lado, qué tal si en vez de maldecir el despertador mejor nos alegramos por despertar un nuevo día (muchos no tienen esa suerte), nos metemos a bañar, nos vestimos, desayunamos mientras escuchamos algo de nuestra música favorita, abordamos nuestro transporte público con un libro en la mano (escapemos de momento a otros mundos, en el trasporte público el mundo real a veces es tan crudo que se justifica fugarnos un poco), lleguemos al trabajo y dediquemos una sonrisa a todo lo gris que nos trate de amargar la vida. Puede que llegue el día en que ya no odiemos los lunes, a lo mejor se vuelve nuestro día favorito.

Nosotros elegimos nuestra actitud ante la vida, podemos elegir tener un gran día, o un día totalmente olvidable, siempre depende de uno mismo.

A disfrutar el lunes en el trabajo, no hay por qué joderse la semana si apenas va empezando.
Gracias por tu tiempo.

Atte. FIDP.

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